martes, 4 de febrero de 2014

DANDO LA LATA. Y VAN... (CON RECETA DE HUMMUS)

El viernes pasado tuve la suerte de participar en la sección local de Jaén del programa Hoy por hoy de la SER. En un programa por la que han pasado montones de blogueros cocinillas y que patrocina Iloveaceite, que se dedica a vender aceite de oliva virgen extra (DO Sierra de Cazorla) a y que es capaz de ponerte una maravilla de picual en la mesa, esté dicha mesa en Consuegra o en Postdam (tienen tienda de internet).


Nunca había hablado en la radio y la verdad es que me gustó. No fue como la tele, con su maquillaje naranja y sus nervios atenazantes. Era hablar, y eso.. Creo que se me da mejor (a pesar del millón de fallos, de que no me gusta cómo suena mi voz y esas cosas de la vida). Especialmente lo de la charla sin sentido.

El caso es que cuando Lola Romero -la jefa de todo esto- que me propuso lo del programa, tocaba buscar receta. En cuanto se lo comenté a Mme. Cocotte me dijo una palabra: hummus. Era una buena idea. Este puré de garbanzos que nos ha llegó de oriente medio (según parece la receta que doy a continuación es la libanesa) hace unos años me pareció una buena opción. Está rico y es bastante sano. Los garbanzos aportan hidratos y proteínas, el aceite va en crudo y además se puede comer con palitos de verdura, aunque yo prefiera el pan de pita. ¡Y lleva pimentón! Encima, tiene su punto divertido porque es algo que debe comerse en compañía. Compartir es vivir y eso. Por todo esto fuera poco, es capaz de provocar disputas locales. Aunque como bien mostraban en La vida de Brian, a los de Oriente Medio no hace falta picarles mucho para eso.



HUMMUS

Dificultad: Para gente con carnet de batidora.

Ingredientes (para 4 o más personas):
  • Un bote de garbanzos cocidos (400 g. una vez escurridos).
  • 2 cucharadas de tahina *.
  • 1 diente de ajo pelado.
  • El zumo de medio limón.
  • Sal gorda.
  • Comino molido (opcional).
  • Pimentón de la Vera.
  • Aceite de oliva virgen extra (no opcional).


Preparación:


1 Escurrimos los garbanzos y los lavamos a conciencia. Una vez escurridos, separamo una cucharada para decorar el hummus al final. Echamos el resto al vaso de la batidora.

2 Añadimos a los garbanzos el ajo pelado y las dos cucharadas de tahina, que habremos mezclado con el zumo de medio limón para desliarla (se mezcla mucho mejor). Batimos y vamos añadiendo agua hasta que obtengamos un puré con cuerpo, con una textura parecida a la del guacamole.

3 Añadimos la sal hasta que encontremos el puré a nuestro gusto. También si queremos, podemos añadir comino molido. De hecho hay gente por ahí que dice que: “el hummus sin comino es simplemente puré de garbanzos”.

4 Pasamos el puré a un plato bonito y con una cuchara presionaos en el centro mientras hacemos círculos con ella para que quede un hueco en el centro y haga bonito.

5 Decoramos con el pimentón de la Vera, distribuimos los garbanzos que reservamos por encima y rematamos con un chorrito de aceite de oliva virgen extra.

* Para la tahina:
Tostamos dos cucharadas de semillas de sésamo en una sartén y dejamos que se enfríen. Entonces, ponemos el sésamo en una picadora y añadimos cuatro cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra y una pizca de sal. Lo picamos muy bien, hasta que tengamos una pasta fina.

Sólo queda acompañarlo de pan de pita (horneado, no tostado, por favor), nachos, regañás, "crudités" o zampárselo a cucharadas. Cada uno como quiera.

lunes, 27 de enero de 2014

NO MÁS PLATOS DE MAMÁ


[Nota: este libro me lo mandó la gente de Plaza&Janés antes de Navidad. Aunque lo recomendé como regalo de Reyes, quería dedicarle un poco más de tiempo porque me parece interesante y porque creo que los autores se lo merecen. Aunque algunos coman insectos].

Durante las pasadas navidades hemos sufrido una auténtica avalancha de libros de cocina. Miento. Ha sido un tsunami de recetarios, en realidad. No hay tantos buenos libros sobre comida y cocina como recopilaciones más o menos organizadas de recetas. Si os habéis dado una vuelta por las librerías, habréis visto de todo. Desde libros espantosos como el de Arguiñano o el de los cupcakes de Sergio Fernández II (el primero para mí es -y siempre será- Sergio Fernández, el Grande) a auténticas joyas como El Arte de la Cocina Francesa –sí, me lo trajeron los Reyes- o el Pan Casero, de Ibán Yarza.

Entre tanta oferta hay un poco de todo, claro. Desde auténticas biblias y libros muy interesantes por su enfoque (A vueltas con la tartera o Zerogluten) a otras cosas que… En fin que no deberían haberse editado. A lo mejor es cosa mía, pero todos esos libros salidos de los concursos de cocina (el de los minimasterchefs debe estar al caer) me parece que aportan poco en el mejor de los casos. Si estás en el nivel de los concursantes ya sabes cuáles son tus fuentes y si quieres llegar a ese nivel –ojo, que había gente que cocinaba muy bien- seguramente necesitarás algo más estructurado. Pero que allá cada uno, eh. De todas maneras, que parte fundamental del premio de un concurso sea que editen un libro con “tus recetas” y que a los dos días todos los que han llegado a semifinales tengan el suyo haciéndote competencia tiene su guasa.

Detro de todo este aluvión arrasador se ha destacado claramente que éste ha sido el año de los blogueros. Parecía que todos los que tienen un blog sobre cocina con un algo de éxito estaban en la obligación de que sacar libro. Modas, ya sabemos. Pero esa moda ha hecho que algunos, bastante interesantes, se perdiesen un poco en el oscuro bosque de las novedades editoriales.

Como siempre, están los que reciben mimos por parte de las editoriales (promoción, buena distribución, entrevistas en medios importantes,…) y los que se lo tienen que currar más. Entre los que no han recibido tanta atención, o al menos no me lo ha parecido, se encuentra No más platos de mamá, un libro escrito por los autores del (video)blog No más -- de mama, con textos y recetas de Carlos Román, diseño chulo de Adriá Pifarré y Marc Castellví y fotos un poco de los tres porque cada uno tiene un móvil y esto es un sindios (ese huerto casero se parece mucho al que voy a instalar yo en mi patio, gracias por la idea).

¿Qué tiene de bueno? Pues bastante cosas. Veamos. El libro es la adaptación al papel de su blog y allí las recetas están escritas, por supuesto, pero su sello distintivo es que están en vídeo. Y son vídeos chulos, con un montaje dinámico y buena música. Se nota el trabajo que hay detrás. Todo eso no se puede llevar al papel, claro, así que los que han hecho es crear algo distinto. Las recetas son las mismas (en las que no son nuevas, hay links) y las fotos mantienen la estética del blog, pero han sido capaces de ir más allá. Hay un montón de historias cruzando el libro que nos enseñan (al menos un poco) la relación que estos tres elementos tienen con la comida. Es una de las cosas que más me han gustado. Bueno, eso y el diseño del propio libro, que permite abrirlo sobre la mesa y que se quede así para poder y leyendo la receta.

Otra de las cosas que me gustan es que los autores son unos criajos chavales y no unos cuarentones o unas malenis desatadas (¿las hay de otro tipo?) y también se les nota. Entre las recetas puedes encontrar desde guisos maternos (en principio el blog era una manera de decirle a gente de su propia edad que hay vida más allá de la tartera de mamá), hasta especialidades regionales –ojo a las catalanas, que tienen muy buena pinta- o cosas un poco más internacionales y mestizas. Son gente viajada que vive en una gran ciudad (Barcelona lo es en varios sentidos) y se van trayendo todo tipo de ideas de por ahí y por aquí.

Por cierto, entre las historias del libro hay una que no puedo dejar de comentar. En un principio, el blog se llamaba “no más tuppers de mamá”, en alusión a los típicos envases de plástico que todos hemos usado para llevar la comida allá donde fuese necesario. Pues bien, un día la amable gente de Tupperware (aquí iba un enlace, pero paso de regalarles ni una visita), en un legendario alarde de torpeza social, decidieron que la palabra tupper era de su propiedad y que lo mejor que podían hacer era enviar un burofax malrrollero a estos chicos porque a su parecer ensuciaban su buen nombre. Y claro, Carlos y compañía tuvieron que cambiarlo, no fuese a ser que el cielo se desplomase sobre sus cabezas. Cuando ves lo que hacen otras marcas como Lekúe, Pirex o Ibili notas claramente la diferencia de estilos. Creo recordar que algo parecido pasó con “A vueltas con la tartera” el libro de Mònica Escolar que tampoco pudo llamarse así por lo mismo. Unos hachas.

En cuanto a la comida en sí, tengo que reconocer que me gusta bastante la selección. En un principio, la idea de Carlos y compañía era animar a cocinar a la gente de su misma edad, pero eso sería en el comienzo de los tiempos, porque enseguida se ve que son gente a la que le gusta la comida y eso es independiente de la edad. De todo el recetario (60 recetas) las que más me gustan –y que ya he apuntado en la lista de cosas pendientes- son la sopichuela con toques orientales, la hamburguesa de salmón, la patatas y bacalo, las costillas para la resaca, la hamburguesa de lentejas, el Kentucky fried rabbit, el risotto alla milanese (eso en esta casa son palabras mayores), la spanakopita, la carbonara sin nata (¿pero la hay con nata?),las galletas con MUCHO chocolate, la patatas a la riojana, la tarta de queso (cuajada, no horneada),y su versión de los spanish macarrones con chorizo, que es el plato hereje por excelencia.

Otra idea interesante de esta gente es La santa (voluntad) (ya hay segunda edición en marcha), pero eso lo leéis en el libro.

Por lo demás tiene un índice visual -dividido en primeros, segundo y postres-y otro temático (también visual) dividido en recetas de carnes, fruta y verdura, legumbres, pescados, pasta y arroz, sopas y cremas, guisos y potajes, ensaladas, vegetarianas, veganas, sin gluten. Finalmente, también encontramos las recetas divididas por tiempos de cocina en cuatro categorías: menos de 30 minutos, de 30 a 60 min., de 60 a 90 min. y más de 90 min.

En resumen, un buen libro sobre comida lleno de historias divertidas, recetas chulas y con un diseño moderno y un tacto (no había hablado de la importancia de eso) muy agradable. El autorregalo perfecto.

No más platos de mamá.
Marc Castellví , Adriá Pifarré y Carlos Román.
Ed. Plaza y Janés. Barcelona, 2013.


P.V.P.: 19,90 € (Precio web Fnac)

jueves, 9 de enero de 2014

À LA TÉLÉ (DONDE M. COCOTTE SE DA A CONOCER)

El 2013 ha sido una mierda de año un año complicado. Empezó bien, la verdad. Parecía que todo se iba a desarrollar con cierta normalidad esperanzadora pero como a la mitad comenzó a dar guerra. Afortunadamente, al final parece que va remontando, lo que no impide que uno se alegre de que haya extinguido como un dinosaurio al calor de un asteroide.


Eso me impidió escribir una entrada sobre esto (a veces el horno no está para bollos), pero no quiero dejarlo pasar. Forma parte del necesario repaso al año. Y éste es suave, pero en la tele se han pegado con ello desde antes de Navidad hasta el dos de enero. Daba miedo.

El caso es que una de las cosas más divertidas que me pasaron en el infausto 2013, fue lo de salir en la tele. Sí. Cocinando y todo, sí. Resulta que en la Radio-Televisión de Castilla-La Mancha (a los castellano-manchegos nos gustan los guiones, qué pasa) hay un programa de cocina –Miel sobre Hojuelas– al que invitan a cocineros profesionales con estrella, sin estrella y a gente que cocina en su casa, como yo. Los pobres estuvieron detrás de mí un montón de tiempo porque, como mi timidez está al borde de lo patológico, era muy reticente a ir por allí pero tengo que agradecer su empeño porque al final (spoiler) me lo pasé genial.

El caso es que al final me convencieron, y allá que fui. Que fuimos, porque me acompañó frère Cocotte, que es mi chofer en ocasiones porque en esta casa no creemos en los vehículos motorizados, aunque reconocemos que tienen su utilidad.


A la hora de elegir qué cocinar, la cosa fue así: ellos (en realidad fue María, de producción, que es la persona más amable y con más paciencia del orbe mundo) me propusieron que hiciese la horchata que tengo aquí, porque nunca se había hecho en el programa. Y como eso se tarda unos 30 milisegundos en preparar, había que cocinar algo más. El “algo más” resultó ser el pollo al chilindrón, que es más bien un pollo al pisto porque no lleva ni harina ni vino blanco ni es de origen aragonés ni nada, pero resultaba ser la receta más visitada del blog en ese momento. Eso dice mucho de vosotros, ¿lo sabíais?

La verdad es que me gustó la elección porque la horchata es de esas cosas ricas que te hacen pensar: “¿por qué no la hago más a menudo?” y el pollo es sencillo, barato, fácil de hacer y está bueno. Además ese día decidí hacerlo sólo con pechuga para preparar algo que cualquiera se puede llevar al trabajo y comerlo con un tenedor. Algunos pensaréis que es una bobada, pero no me parecía que llevar una receta superelaborada, en plan: “eh, que tengo un blog y vengo a petarlo”, fuese una buena idea. Una de las tendencias gastro del 2014 debería ser erradicar la tontuna de los blogs de cocina, pero va a ser complicado. Vamos, que pensé que si lo que quiero con este blog es animar a la gente a cocinar (y recopilar recetas, entretener y alguna cosa más, claro) no podía ir a hacer un croquembouche, ¿no? A veces tengo buenas ideas y todo.

En fin, que quedamos en que iría el 18 de febrero. En plan regalo de cumpleaños. (Veo que no lo sabíais: mi cumpleaños es el 16F. Acepto regalos en forma de jamones, caviar beluga o joyas antiguas).

Que te inviten a ir a la tele y más a cocinar –que por mucho que uno lo haga todos los días no es deja de ser una afición– es raro. Lo primero que piensas para quitarte presión es: “bueno, es la tele regional. No me va a ver tanta gente. Al menos, tanta gente que me conozca”. Porque al fin y al cabo, tienes un blog modesto y vives en una ciudad pequeña. Y usas un avatar en vez de un #selfie. Así te tranquilizas un poco.

Claro, que lo siguiente que piensas es: “bueno, tal vez lo vea alguno de mis vecinos. Y mi madre, claro. Y mis hermanos. Y mis tías. Y…”. Y en ese punto empiezas a ponerte nervioso. Mucho. Porque al final, supongo que a Lady Gaga también le pasará, lo que importa es lo que te diga tu gente. Y uno sabe que cuenta con el apoyo incondicional de Mme. Cocotte (ella es así) pero ¿y el resto? ¿Qué pasará cuando bajes a comprar el pan? Miedito.

Cuando llegamos a la tele, que está en Toledo, a tomar por saco muy lejos del centro, nos recibió una de las productoras del programa (que por lo que pude intuir son las que se encargan de que el programa se convierta en algo real) y nos llevó a una pequeña sala de espera. Como yo sé que en la tele está todo lleno de cámaras ocultas y a la mínima te hacen un Lydia Lozano, ni me moví. Estuve todo el rato sentadito mientras esperábamos a que nos llamasen. Ni curioseé lo que había detrás de los sofás, ni levanté los cuadros, ni robé los ceniceros ni nada. Me porté superbién.

Al rato, volvió la productora y me llevó a maquillaje. Allí, tuve la experiencia más rara de los últimos años. Un jovencísimo maquillador brasileño me aplicó a conciencia una gruesa capa de color naranja que después me costó un imperio quitarme de encima. Aún no lo he superado, así que disculpad que no pueda hablar de ello.

De ahí me llevaron al plató: focos, presentaciones, una cocina de verdad y un frigorífico lleno de cosas (pensaba que en la tele todo iba a ser de pega y me sorprendió), un presentador muy majete, luces, cámaras, acción y... El resto lo podéis ver aquí:


(En realidad, me encantó la experiencia. Todo el equipo me trató genial. Tanto María como Paula –la verdadera responsable de que fuese al programa—fueron muy atentas conmigo. Alfonso Hevia, el altísimo presentador, es un tipo muy simpático logró que se evaporasen mis nervios (al rato de empezar, eh, no inmediatamente). Y tanto Dani Sousa como todos los demás del equipo técnico hicieron auténtica magia con “un tío soso ahí cortando pollo”. Hasta la encargada de la limpieza, cuyo nombre lamentablemente no recuerdo, era de lo más maja. Así no me extraña que les salga el programa que les sale”.

Por si os interesa, tenéis una pequeña galería de fotos en el féisbuc de M. Cocotte. Soy moy completo, lo sé).




sábado, 4 de enero de 2014

HOLANDA YA SE VE


Pues ya están aquí los Reyes. Y como cada año, os ha pillado el toro. Lo sé. Pero no os preocupéis, esta vez os voy a echar una mano con una selección de libros y cosas para cocinillas que os va a salvar. No digo que no os vayáis a agobiar, pisar, dar de codazos y esas cosas. Y más si vivís en mi querida Madriz. Digo que os voy a ayudar a evitar esa sensación de “tierra, trágame” que se tiene (esto solo es una hipótesis, no está basado PARA NADA en hechos reales) cuando tu cuñada aparece con ese regalo que no esperabas. Tu cuñada. La que sólo cena en Nochebuena pularda y come jamón del bueno. Esa, sí.



Libros
Este año hay una tremenda sobreabundancia de libros de cocina en las librerías. Especialmente de recetarios. Como los relacionados con programas de la tele ya tienen suficiente publicidad (masterchefs, topchefs y el canal Divinity en general), os voy a sugerir los que más me han gustado. Si eso no es un aviso de la total subjetividad de esta lista, no sé qué podría serlo.

Las recetas de la felicidad, de Sandra Mangas (Ed. El País Aguilar): le dediqué una entrada completa y sigo pensando que es un libro ideal para regalar o regalarse. Comida rica con una presentación sorprendente. Creatividad por todas partes. En casa ya hemos probado las galletas de jengibre, la crema de zanahoria y el postre de peras fue devorado en nochevieja. Y las que quedan. (16.90 €).

No más platos de mamá, de Marc Calstellví, Adrià Pifarré y Carlos Román (Ed. Plaza y Janés): me lo mandaron y aún no he comentado nada en el blog, pero creo que va a ser de los recetarios de los que más cosas incorpore al día a día de la maison. Es un libro moderno, lleno de historias, de diseño chulo y de gente joven (y guapa). Ah, las recetas son geniales, con una mezcla muy interesante entre comida típicamente española y de otros países. (19,90 €).

Pan casero, de Ibán Yarza (Ed. Larousse): estoy encantado con este libro. Ibán lleva muchísimo tiempo enseñando a hacer pan a la gente, tradujo a español el “Hecho a mano” de dan Lepard y acaba de hacer lo propio con “El pan”, de Jeffrey Hamelman. Además, es el responsable de El foro del pan y de La memoria del pan. Un enamorado, vaya. Si queréis empezar a hacer pan o si ya lo hacéis, pero queréis mejorar (y como yo, no os es posible acudir a uno de sus cursos), es EL LIBRO. Vale su peso en azafrán, por lo menos. Aprenderéis de todo, desde pan sin amasado a pan persa pasando por bollos de cardamomo, ensaimada, semlor (la bamba nórdica, para que os hagáis una idea) o... ¡Sorpresa!, roscón de Reyes. Que no todo van a ser hogazas. (15 €).

El rincón de Bea, de Bea Roque (Ed. Planeta): para los dos o tres que no lo sepáis, Bea tiene un blog especializado en repostería anglosajona. En él podéis encontrar tartas de queso, galletas decoradas, cupcakes, layer cakes, buntd cakes, brownies... Visto así, podíais pensar que hay mil como el suyo, pero la diferencia está en el conocimiento enciclopédico del tema que tiene Bea. Si os gusta este tipo de repostería, es vuestro libro. (16,90 €).

Webos fritos. Recetas para cada momento y Pan con webos fritos, de Susana Pérez y Jesús Cerezo (Ed. El País Aguilar): el primero es una reedición del “Recetas y momentos”. Lo tengo desde hace tiempo y me gustan muchas cosas de él. Son recetas que se pueden hacer en casa con facilidad, algunas pertenecen al recetario tradicional de mi región (ese morteruelo…) pero también hay muchas otras con presentaciones muy cuidadas, que os harán triunfar ante "ese" cuñado (el equivalente masculino de la de la pularda) y montones de consejos para que todo salga bien. Las recetas están muy bien explicadas (incluso hay una versión para usuarios de la Themomix)y las fotos de Jesús son buenísimas. Si no sois sus fans totales, estáis tardando. (32,90 €).

Además, Susana es una enamorada del pan. El segundo libro también me parece una buena opción para los que quieren aprender a hacerlo. Por lo que he visto (éste no lo tengo en casa pero lo ojeé hasta que llamaron al de seguridad), el libro empieza hablando de las herramientas necesarias para hacer pan, los ingredientes que hacen falta y contiene un pequeño ”diccionario panadero”. De ahí se pasa a hacer pan propiamente: panes básicos, integrales, con masa madre (prefermentos), panes de fiesta (stollen, panettone,... ), panes especialmente pensado para los niños... También hay masas para empanadas, cocas, y pizzas, un apartado para saber por qué ha salido mal vuestro pan (si os ha pasado eso) y recomendaciones sobre sitios de internet interesantes relacionados con este mundillo.

Un libro perfecto para gente que se inicia en el pan casero o con ganas de darle uso al horno (hay 80 recetas). Y encima es de pasta dura. (13,90 €).

El Pan: manual de técnicas y recetas de panadería, de Jeffrey Hamelman (Ed. Libros con Miga): por fin se ha editado en español este libro, famoso mundialmente y una auténtica biblia para los amantes del pan. Lo ha traducido Ibán Yarzam que dice de él: "Bread es mi manual de referencia favorito, el libro al que acudo cuando busco claridad e información fiable. Desde el año 2009 he leído, hojeado y comprado muchos otros libros de pan, decenas y decenas. Algunos muy técnicos, otros llenos de historias y panes maravillosos, pero Bread sigue siendo el libro que me llevo cuando sólo puedo llevar un libro".

Ha sido editado por Libros con Miga a través de crowfunding. Es un libro grande (casi 500 páginas) con tapa blanda reforzada, y está dividido en tres secciones: Ingredientes y Técnicas, Fórmulas y Panes Decorativos. No es el típico libro de pornfood panadero lleno de fotos suculentas (me encantan esos libros). Aquí vamos a encontrar sobre todo texto claro e ilustraciones explicativas. No es un libro tan básico como los anteriores, si no más bien para profundizar. (35 €).

Las recetas de Miel sobre Hojuelas, de Alfonso Hevia (Ed. Cuarto Centenario): la gente del programa de cocina Miel sobre Hojuelas, de la tele regional, ha editado un recetario con 90 de las más de 500 con las que cuentan. En él invitan a cocinar a todo tipo de gente, desde cocineros con estrellas Michelin hasta gente como yo que cocina en su casa, lo que ha dado como resultado un libro bastante ecléctico donde se pueden encontrar recetas sencillas, tradicionales y hasta modernuquis. Lo presentaron en Toledo el pasado 17 de diciembre, así que está casi caliente aún. Como alicientes especiales, el poder encontrar la aportación de la mayoría de blogueros cocineros de la región junto a auténticos cracks de los fogones como Adolfo Muñoz, Pepe Rodríguez o Iván Cerdeño. Contiene enlaces QR a los vídeos de las recetas, que están el el canal de Youtube del programa.

Por supuesto, la recomendación no tiene nada que ver con que una de las recetas sea el pollo al chilindrón de Mme. Cocotte ;) (20 €).

Trastos de cocina
A los cocineros caseros nos encantan los trastos. Es así. Casi tanto como los libros de cocina. Dentro de las cosas que he ido viendo por ahí, éstas me parecen chulas y no se van (demasiado) de madre. Además, he intentado que sean fáciles de encontrar.

Una cocotte (39,99 €): es el regalo perfecto si al destinatario le gusta el fuego lento, hacer pan y la cocina francesa. Si sois millonarios podéis comprar una Staub o una Le Creuset. En ese caso, recordarme que os pase mi dirección. Para las personas normales, Ikea tiene dos modelos de 3 y 5 litros de capacidad (que no serán lo mismo, por supuesto, pero ahí están).

Batidor manual (15 €): este artefacto es el hermano pequeño y canijo de la Kitchen Aid, el oscuro objeto de deseo de las malenis. Pero reconoceréis que es brillante y guay. Además, se puede guardar en un cajón sin problemas y os permitirá montar nata para “esas” fiestas, pillines ;)

Aceitera antigoteo (29,30 €): la aceitera ideada por Rafael Marquina en 1961 es uno de los grandes inventos españoles de todos los tiempos. La fabrica mobles114 y podéis comprarla en Vinçon, por ejemplo, aunque es un modelo muy copiado fácil de encontrar en cualquier ferretería.

Rallador de queso (29,95 €): el rallador de queso de Gefu es caro, de acuerdo, pero es una auténtica máquina de hacer copos de lo que queráis. El Ferrari de los ralladores. Chocolate, queso, ajo… Yo rallaría la mitad de mi despensa con eso. Lo podeís encontrar en Cookplanet.

Mortero de porcelana (12,15 €): es bonito, es chulo, es moderno y está de rebajas. Lo fabrica Vacu Vin y podéis encontrarlo en la web de imaginadeco.











Cosas que molan
Al final, lo realmente divertido de las navidades es compartir cosas con la gente a la que quieres. Eso puede implicar a más o menos personas, que a su vez pueden formar parte –o no– de tu familia biológica. Repito: lo realmente divertido de las navidades es compartir cosas con la gente a la que quieres. Por eso Mme. Cocotte y yo hemos pensado que esto también podría ser un buen regalo de Reyes:

Regalad un roscón: ya sabéis que en la maison somo muy fans del roscón de Reyes. Si queréis –y si os atrevéis, que al principio da respeto– podéis hacerlo vosotros. Aquí tenéis la receta que usamos en casa. Si no, compradlo. Id a vuestra pastelería de confianza o buscad en el super. Que sepamos, tanto en Hipercor como en Carrefour los hay rellenos de nata de verdad (huid del mix vegetal, por favor). Y acompañadlo con chocolate. Lo podéis encontrar hasta envasado. Mme. Cocotte recomienda generosas raciones del de Valor.

Invitad a vuestra gente a comer el día de Reyes: cocinar para mucha gente es un tanto agotador, pero muy satisfactorio. Si preparáis un asado lo tendréis resuelto con relativa facilidad. No os paséis mucho con el postre, que seguro que alguien trae roscón y chocolate para merendar.

Regala vino: id a la tienda que más os guste y preguntad. Estarán encantados de asesoraos. Ya veréis cómo encontráis un buen vino a buen precio.

Espero haberos ayudado un poco. ¡Y que Sus Majestades os colmen de presentes!

(Nota: todos los precios son orientativos y han sido obtenidos de las webs correspondientes).

jueves, 5 de diciembre de 2013

EL #DIADELVINO (RABO DE TERNERA GUISADO AL VINO TINTO)

Para los que no lo sepan, los “días de” son un una especie de acuerdo gastrobloguero en el que se decide cocinar algo el mismo día. Es bastante divertido y de alguna manera te hace sentir parte de la comunidad cocinillas (que es un poco rara, las cosas como son). Así de memoria, creo que sólo he participado en el de la #megagalleta y en el de la #ensalada.

Yo no soy muy de sumarme a estas cosas. No es por esnobismo ni por un supuesto afán de ir por libre. Tiene más que ver con que bastante lío tiene uno con el día a día (y más este curso, que he vuelto a la escuela con mi cartera y mi plumier) y con la enorme lista de cosas que quiere cocinar.

Sin embrago, cuando Graci –creo recordar que la instigadora fue ella- nos dijo que el 5-D era el día del vino y que podríamos celebrarlo todos juntos me pareció genial por muchos motivos. Por una parte, me gusta el vino, aunque no sea un experto para nada. Apenas soy capaz de saber si un vino me gusta o no, pero la verdad es que suelo tener en casa unas cuantas botellas (de las que solemos dar cuenta con alegría Mme. Cocotte, el primo Bonnechance y yo, para qué engañarnos). También es verdad que père Cocotte hace vino en la casa del pueblo. Y el abuelo Cocotte también lo hacía, y antes de él… No sé hasta cuándo se remontará la tradición, pero me gustaría ser el próximo, la verdad. Siempre digo que la cerveza, pero sería más sencillo para mí hacer vino porque de alguna manera ya conozco muchos de los procesos. Y por último, pero no menos importante, vivo en un país -y en una región- con una enorme tradición vinícola. Y como es un día para celebrar, pues eso. Que me apetecía hacerlo.

Además, la gente de la DO Valdepeñas tuvo el detalle de apuntarse (me temo que aquí la insistencia de Graci ha debido ser determinante) y ha estado mandando botellas de vino a saco. La idea era que la gente cocinase cosas que se llevasen bien con el vino. Y yo elegí vino tinto porque mi idea era hacer algo a lo que le tenía muchas ganas: rabo de toro (bueno, diremos de ternera, que no le he hecho una prueba de ADN) guisado en vino. Y como dice el señor Larousse que la mejor manera de marida un vino con un plato es –más allá de las normas básicas- es cocinar con ese mismo vino, me he visto obligado a comprar otra botella de Valdepeñas para deslizársela a la chicha. Esto del blog me sale carísimo.

En fin, la cosa es que como además todo esto del #diadelvino me coincide con las “dos semanas horribles de exámenes que te cagas, dos”, y aunque he empezado a hacerlo esta mañana, no lo he podido acabar aún y será la comida de mañana. Pero de todas maneras quería participar, así que hoy os dejo la receta –que es del cocinero con más garrote que existe- y mañana os pongo la foto. Si no me lo como todo antes, claro, porque tiene una pintaza tremenda. Mientras tanto, os tendréis que conformar con esa de ahí arriba que he robado de internet #noesrobarsinotepillan

Por cierto, que no se me olvide. He disfrutado muchísimo haciéndolo. Es un guisote de los de a fuego lento-lento 4 horas y luego haz todas esas cosas más. Mañana lo pienso disfrutar y me acordaré de vosotros. Desde el cariño, por supuesto.

[Edito: después de haberlo comido hoy, seisdeldocedeldosmiltrece, sólo puedo decir: gracias, Diox, por haber creado las uvas y a las vacas con su rabito, como las pasas. Amén. Esto está buenísimo con letras de latón recién bruñidas. Lo único es saber con qué va mejor: con un (buen) puré de patatas, con esas mismas pero fritas (así ha sido hoy), con cuscús, con… Bueno, habrá que ir repitiendo y probando. En serio, ha sido de esas veces que cocinas y tienes una revelación Esto es una cumbre].


RABO DE TERNERA GUISADO AL VINO TINTO

Dificultad: largo como una eterna tarde de domingo, pero no difícil. grado de dificultad.

Ingredientes:
  • 2 rabos de vaca partidos en trozos por sus juntas.
  • 1 botella de vino tinto.
  • 1 zanahoria.
  • 2 cebolletas.
  • 8 dientes de ajo enteros.
  • 1 trozo hermoso de mantequilla (¿acaso no lo son todos?).
  • 3 litros de agua.
  • 1 pastilla de caldo de carne.
  • Aceite de oliva.
  • Sal.
Preparación:

1 Sazonamos los trozos de rabo y los salteamos por tandas en una pizca de aceite de oliva hasta que se doren.

2 Reservamos los trozos de rabo y tiramos el aceite, ya que suele quemarse.

3 Añadimos una pizca más de aceite limpio y en el mismo fondo, para recuperar los jugos adheridos, a fuego más bien suave, cocinamos todas las verduras troceadas en pedazos hermosos. (Este párrafo es pura poesía).

4 Las dejamos 20 minutos y las sazonamos, sin dejar de darles vueltas. Introducimos los pedazos de rabo junto con el jugo que hayan podido soltar, el vino, el agua y la pastilla de caldo, sazonando una vez más ligeramente.

5 Tapar y dejar que hierva a fuego muy lento hasta que la carne esté muy tierna y se despegue fácilmente del hueso pero sin que se deshaga. Lo que vienen a ser tres horas y media o cuatro al chup-chup cochinero.

6 Después de esto, abrimos la olla y retiramos los trozos de carne del caldo. Colamos éste último y lo dejamos reducir a fuego lento hasta dejarlo en un litro aproximadamente. Incorporamos la mantequilla en trozos pequeños y volvemos a introducir el rabo (esta frase se las trae, ¿eh?) y continuamos su cocción unos 50 minutos más a fuego muy lento, de manera que la carne se vaya abrillantando y la salsa espesándose.

“Es importante reseñar que este guiso, como muchos otros de carne, hay que llevarlo a cabo manteniendo el punto de ebullición muy bajo, para que apenas se perciba un leve borboteo. Sólo así se mantendrá la melosidad de la carne”. Lo que os digo, poesía.

lunes, 25 de noviembre de 2013

SOBRE CIFRAS REDONDAS Y COSAS ASÍ (UN CONCURSO, HOYGAN!!!)

El típico ejemplo de comida redonda. Y de diseño gráfico hecho con un compás.

Como sabréis los que seguís (qué poco me gusta el término) a M. Cocotte por féisbuc o twister, el otro día el blog llegó a las 180000 visitas. Da subidón saber que hay tanta gente que lee esto. Y más aún, que incluso lo sigue con cierta regularidad, lo que teniendo en cuenta lo irregular que soy yo es un mérito. Como me parecen un montón de visitas (casi el doble de habitantes que tiene la ciudad en la que vivo), me ha parecido buena idea hacer un concurso. Así participáis, nos reímos un poco y uno de vosotros se lleva un premio. No está mal, ¿no?


El premio lo pone Ibili. Desde el día en que descubrí su cuenta en twitter hemos tenido buena sintonía y la verdad es que se han enrollado bastante. Simplemente les conté lo que quería hacer y ellos me ofrecieron unos regalitos para vosotros que no están nada mal: Dos sartenes ecológicas, un guardatomates, un guardacebollas y y un guardalimones (¿será una solución a lo de convivir con el típico limón seco en nuestras neveras?), un embudo especialmente diseñado para el reciclaje de aceite que es LO MÁS, un prensalatas para las de refrescos (porque yo sé que vosotros no sois de tener sesenta latas de cerveza en casa, que lo sé yo) y un eliminagrasas que sirve para quitar el aceitazo de esos guisos que os manda la suegra en un tupper del chino.

Para que hos hagáis una dea, éstos son los premios del concurso:



Como veréis, van muy en la línea de cocinar en casa y un poco hilando con el tema de la entrada del calendario de productos de otoño.

Además, han tenido el buen gusto de no pedirme a cambio nada en el sentido de: “di esto de nosotros”, publica tantas entradas, pon un enlace a nuestra web… Y por eso mismo he decidido hacerlo.

Me alegro de que sean ellos los que patrocinen el concurso por varios motivos:

1.- Uso sus productos habitualmente (así -de memoria- tengo en la rasqueta del pan, la manga pastelera, moldes de silicona, las tablitas niveladoras para amasar galletas –geniales, porque son de plástico y se meten en el lavavajillas-, un montón de cortapastas, sellos para hacer galletas con relieve, el termómetro de horno –este es de Lacor, que es la parte “para profesionales” de la empresa-,… Y seguro que si voy y miro hay más). Y me parecen buenos, claro. Algunos como el embudo para el aceite me parecen simplemente geniales. Ese me lo compro en cuanto lo vea.

2.- Es fácil encontrarlos porque distribuyen a ferreterías, supermercados y sitios así de reales. No hace falta que los compréis por Internet (yo mismo no soy muy de comprar así) y te los manden desde el quinto pino. Lo tienes en tu barrio, seguro (si lo tengo yo…). Los miras, los tocas y si te convencen te los compras. Y,

3.- Son de aquí. De Bergara, pasa ser concreto. Tienen unos robots geniales con los que hacen sartenes y soy muy fan de los robots, así en general. (Ahora en serio, prometo preguntar cuántas cosas fabrican aquí y cuantas fuera de España). Ah y Aitziber –la responsable de que os llegue el premio- tiene un corte de pelo fascinante. Muy loco. Lo podéis ver en este enlace XD.

En cuanto al concurso en sí, se nos ha ocurrido -no hablo en plural mayestático, es que se nos ocurrió a Mme. Cocotte y a mí- que al hilo de la conjunción astral de cifras redondas (180000 visitas en el blog y 2700 seguidores en twitter), sea sobre de comida redonda (somos pura chispa, lo sé). Vosotros nos decís cuál es vuestra receta más redonda –real o metafóricamente hablando- y los miembros de la familia Cocotte evaluaremos las respuestas y emitiremos un fallo inapelable. Me gusta, porque suena a cosa seria y antigua.

La cosa va a funcionar así:


BASES DEL PRIMER CONCURSO DE RECETAS REDONDAS


1.- Dinos cuál es la tu receta más redonda ya sea física o metafóricamente hablando. Mándamos la receta junto con una explicación de por qué lo es (con un poco de gracia, no me vayas a decir: "a mis suegro le gusta mucho" y ya está) junto con una foto -para que podamos poner algo en la entrada del viernes- al email del blog: monsieurcocotte@gmail.com. No hace falta que le des al “me gusta” ni que te hagas seguidor ni nada. Eso es cosa tuya. Si tienes un blog, basta con que nos envíes un enlace a tu entrada y ya te robamos la foto nosotros. Total, te la van a mangar tarde o temprano…

2.- La fecha límite de envío serán las 23:59:59 del 28 de noviembre de 2013. En algún momento hay que cortar.

3.- El Gran Jurado del Primer Concurso de Recetas Redondas estará formado por Mme. Cocotte, M. Cocotte y frère Cocotte si somos capaces de liarle. En ningún caso formarán parte del jurado Valentina y Rodolfo, nuestros periquitos, porque su criterio gastronómico es bastante errático.

4.- El fallo del Gran Jurado se hará público el viernes, 29 de noviembre, por la mañana. Por supuestísimo, será inapelable. Anda que no mola lo del absolutismo.

5.- El único ganador se llevará el lote de productos de menaje Ibili mencionado arriba.

Espero que os guste y que os animéis a participar. Un abrazo gordo. Al lío.

viernes, 22 de noviembre de 2013

EL LIBRO DE SANDEEA

Anda que no mola no tener que hacer fotos para una entrada.

Un día estás respondiendo a los colegas en el facebook, escribiendo tontás en el twister, jugando al Angry Birds Star Wars II, leyendo blogs… Vamos, lo normal, dejando pasar el tiempo con tus chorradas, cuando alguien –más bien Sandra Mangas, aunque en casa la conocemos más por @SandeeA- te manda un mensaje y te pide tu dirección.

Al principio piensas que lo mismo es para hacerte un Bin Laden (aprovecho para saludar al becario de la CIA al que le ha tocado leer esta entrada), pero después decides confiar en el género humano y te dices: “p’adelante, Cocotte”, porque yo me llamo Cocotte en la intimidad cuando pienso en comida, y se la pasas. Y acto seguido te levantas a mirar si la verja de la maison sigue custodiada por nuestros siete rottweilers ligeramente hambrientos, claro.

Sandra es una amiga. Amiga de Internet afortunadamente, porque si viviésemos en la misma ciudad lo nuestro sería insufrible -que si mis galletas son mejores, que si me has copiado la crema de berros,… la típica competitividad entre cocineros caseros, ya se sabe-, pero buena amiga y buena gente. Además, ambos somos fanses de El Comidista y participamos en esa especie de grupo de apoyo a Mónica y a Mikel que es el grupo de las enfervorizadas, enfervs para los amigos. Para más inri, ella es la “MEgaP(residenta)” y yo “El Creador”. Vamos, que yo tan sólo tuve la idea fliz de darle a un botón y administro el grupo, que aunque esté formado por un buen montón de gente maja y talentosa –y a la vez bastante perturbada, para qué engañarnos- prácticamente se administra sólo. Da gusto. Ah, también lleva un blog. Lo mismo lo conocéis y todo: La receta de la felicidad.

Todo el rollo anterior es para avisar de que puede que no sea totalmente objetivo, pero si quisierais eso estaríais leyendo el “Larousse Gastronomique” u otra cosa seria, y no este (MAGNÍFICO) blog, supongo.

El libro me llegó unos días después a través de Amazon. Muy bien envuelto, protegidito y eso. Con su dedicatoria y todo, aunque no firmado. Eso me lo tuve que ganar yo yendo al Apocalipsis Maleni, pero eso lo colgaré en el fb de M. Cocotte como contenido exclusivo (sinergia!). Lo digo por si sois como yo y (casi) no compráis por Internet.

Como os decía, Sandra tiene uno de los blogs de cocina/comida/recetas más conocidos de Ejpaña. (¡Que fue el Premio Bitácoras 2012, despistaos!). Y los que le quedan, espero. Personalmente, me gustan muchas cosas de él. Cierto que su diseño es demasiado cuqui para mí, con sus topitos, sus colores pastel y esas maderitas por todas partes, pero hay que reconocer que las fotos son buenas tirando a muy buenas (me mata la envidia, maldita sea), que Sandra te contagia su buen humor en cuanto empiezas a leer y –lo más importante- que bajo esa presentación cuidada y “mona” sólo encuentras ingredientes sanos, comida de verdad y buenas ideas para hacer que eso que comes se convierta en algo divertido y sorprendente. Ni un frosting, ni un icing ni una goma xantana… Por si eso no fuese suficiente, encima es MUY creativa y sabe darle una vuelta a recetas de toda la vida (a ver si va a venir ahora alguien a inventar las galletas de mantequilla, la tortilla de patatas o la crema de calabaza) que con su toque –indudablemente lo tiene- parecen nuevas. Y si no, mirad los éclairs que acaba de compartir. Es lo que más admiro de ella #yoconfieso Y lo que más odio, es que saca la Bree Van De Kamp que hay en mí. Sí, todos tenemos nuestros secretos.


YO HE VENIDO A HABLAR DE MI LIBRO, DIGO DEL SUYO
El libro en sí me gustó mucho desde el primer momento. Es una edición muy cuidada. Ya sé. Parece un comentario un poco así. Pero es que cuando lo tienes en las manos por primera piensa: "qué bonito le ha salido, el jodío libro". Creo que me explico. Es en un segundo vistazo cuando caes en lo todo lo demás, pero primero ves todas esas presentaciones sorprendentes y te quedas loco. Son 176 páginas llenas de buenas recetas -ojo, que muchas (la mayoría de mis preferidas, por lo que veo) son nuevas y no aparecen el en blog- y buenas fotos, con algunos momentos de pornfood del bueno. Está editado en tapa dura, que es como creo que se deberían editar los libros de cocina por ley. Que luego hay que usarlos y con esto de la superfuerza doblo las pastas, coñe.

En cuanto a estructura, el libro comienza con una pequeña sección con consejos y otra sobre herramientas e ingredientes básicos. Luego viene una de recetas dulces y otra, algo más corta pero muy interesante para mi gusto, de recetas saladas. El libro acaba con un índice por ingredientes, una recomendación de tiendas (sobre todo sitios web) donde encontrar las cosas más raras como el papel de azúcar utilizado en la decoración de algunas galletas y los agradecimientos. Yo hubiese añadido un índice de recetas como tal, pero eso para la segunda edición.

Cuesta 16.90€ en librería física y algunos céntimos menos en sitios como Amazon o La Casa del Libro.


MI TOPTÍN DE RECETAS SANDEESCAS:
Como "para muestra, un boton" estas son las 10 recetas que más me gustan del libro, (las que no tienen enlace solo se encuentran en papel):

1.- Cheesecake cookies. Como fan total de la tarta de queso, y del queso en general, me tienen muy loco estas minitartas/galletas. Además, puedes dibujarles otras cosas como calaveras para que parezcan malrolleras y te las dejen todas para ti.

2.- Crema de zanahoria. La hice ayer (21(11/2013) y está de muerte. No la comimos y la cenamos en el mismo día por una mera cuestión de decencia, pero estuvo ahí la cosa. Y dando gracias porque llegó a la mesa. Me la hubiese comido toda mientras probaba si estaba bien de sal. ¿Os he dicho alguna vez que las zanahorias no me gustan especialmente? Pues eso.

3.- Baklava de chocolate. "Babead, malditos", parece decirnos. Y encima parece fácil.

4.- Empanadillas de manzana y brie. Para dejar loco a la cuñada.

5.-3.- Bizcocho marmolado. Mirad esa foto e imaginad la cara de la gente cuando hagáis el primer corte. Mola, ¿eh?

6.-Hojaldres de patata y albahaca. Me recuerdan a una pizza de patata que me zampé en Roma y eso mola.

7.-Brownie en cáscara de huevo. Es el típico ejemplo de lo que os digo de la creatividad. Mezcla dos cosas que a priori como que no tienen sentido y... Te quedas con cara de tonto pensando: "¿cómo lo ha hecho?"

8.- Pastel de pan, espinacas y huevo. Cuando hablaba de #pornfoog me refería a esto.

9.- Banmbucker

10.- Pastel de carne en cocotte. Aquí es donde te acuerdas de que odias a toda esa gente que tiene ollas de Le Creuset y tú no ¬¬.


Hay más, pero quería hacer un toptín, no un topquincemil. Todas estas también me gustan: galletas de jengibre (fueron las primeras en incorporarse al recetario de la maison Cocotte y ya hemos pasado la receta a alguna amiga), galletas con rosas, galletas grabadas, enrejados de frambuesa (me gustan las galletas, ¿qué pasa?), pasteles de pera y canela (estos van a ser el postre de la cena de Nochevieja sí o sí), Huevos de mousse de chocolate (para muy golosos y muy fanses del cacao), manzanas enrejadas (una de las recetas más míticas de SandeeA, magdalenas al vapor (para esos pobres que no disponen de horno o lo tienen averiado), crema de marisco, crema de calabaza y curry, ensalada de jamón en cesta (ésta ha caído, pero sin cesta), galletas de queso con tomate,…


*


Llegados a este punto viene lo gordo, claro. ¿Es recomendable? ¿Lo comprarías?

Tengo una tendencia, rayana en la parafilia, hacia la compra de libros de cocina. Pero afortunadamente uno no dispone de ingresos ilimitados -gracias a Dior, diría Mme. Cocotte- y también piensa las cosas algunas veces.

Si el libro fuese un simple refrito de recetas del blog, si más interés, os diría que lo dejaseis en la estantería porque no comprendo que os gastéis dinero en algo que está a vuestra disposición "gratuitamente" (de eso hablamos otro día) en Internet. Salvo casos de fetichismo, claro, que también los hay.

Pero resulta que me parece un buen libro de cocina, muy bien editado (lo he dicho arriba, sí) y muy aparente. Y encima tiene un montón de recetas nuevas que están muy ricas y su precio no llega a los 20€.

Así que volvamos al principio. ¿Es recomendable? Sí, tanto para uno mismo como para regalar. Esta última, es una opción muy a tener en cuenta. ¿Lo comprarías? Sí,aunque preferiría que me lo regalasen porque me gustan los regalos chulos. Soy así. Fácil de contentar (y una porra).