lunes, 4 de marzo de 2013

CREMA DE CALABAZA CON MASCARPONE


Esta es una de esas recetas que parecen tenerlo todo: su elaboración está tirada (una de las ideas subyacentes de este blog es animar a cocinar en casa, no lo olvidemos), es barata (hace unos días miré el precio de la calabaza y estaba a 1.85 €/Kg), todos los ingredientes son fáciles de encontrar y se utilizan productos de temporada.

No soy muy de evangelizar –no quiero que los amables lectores de M. Cocotte piensen que soy un talibán de la cuchara– pero creo que a veces hay que recordar cosas como la conveniencia de basar la cocina de a diario en los productos de temporada: saben mejor, son más baratos, nos los traen desde más cerca y eso reduce la polución que se genera en su manipulación y en su transporte. Es más ecológico –incidiendo en el sufijo “lógico”– en el sentido en que lo era mi abuela, que devolvía los cascos de las botellas, iba a la compra con su carrito y compraba la fruta sin bandejas de plastiquillo ni otras chorradas. Creo mucho en esa ecología de los pequeños gestos.

Pero no nos desviemos. En cuanto a la crema en sí, me gusta el punto que le da el curry, su textura algo espesa y el sabor del queso (idealmente mascarpone pero se puede usar cualquier queso cremoso que tengamos a mano) al deshacerse en el puré.

En fin, un plato sabroso, sencillo y barato, lo que se está convirtiendo en la marca de la casa.

NOTA: si os interesa el tema eco y queréis saber más, sobre todo acerca de sus contradicciones, os recomiendo el blog de Clemente Álvarez: Ecolaboratorio.

Tenéis la receta en PDF aquí, como siempre.




CREMA DE CALABAZA CON MASCARPONE

Dificultad: lo puedes hacer incluso con las manos congeladas.

Ingredientes (para 6 personas con necesidad de calentarse):
  • 2 cebollas.
  • 2 patatas.
  • 800 g de calabaza, ya pelada y limpia.
  • Curry en polvo.
  • 200 g de queso mascarpone u otro queso cremoso.
  • Perejil fresco.
  • Cebollino.
  • Sal y pimienta.

Preparación:


1 Pelamos y troceamos dos cebollas. Las sofreímos con un par de cucharadas de aceite.

2 Añadimos dos patatas peladas y cortadas en dados y 800 g. de pulpa de calabaza troceada. Condimentamos con curry en polvo a nuestro gusto. Una vez rehogado todo junto, lo cubrimos con dos litros de agua y lo ponemos a cocer a fuego medio durante una media hora.

3 Mientras se va cociendo todo, mezclamos 200 g. de queso mascarpone –u otro queso cremoso que tengamos a mano– con una cucharada de perejil fresco picado y otra de cebollino, también picado muy finamente.

4 Cuando haya pasado la media hora y la verdura esté en su punto, lo pasamos todo por la batidora, salpimentamos la crema obtenida y la servimos en seis cuencos. Sale bastante cantidad.

5 Formamos bolas de queso con dos cucharas y ponemos una en cada cuenco. Servimos la crema caliente.

Esta crema se puede congelar, pero al descongelarla hay que batirla porque se separa parte del caldo. No influye para nada en el sabor ni en la textura.


jueves, 24 de enero de 2013

COCIDO (CASI) CENTENARIO


El pasado 8 de enero, un lector dejó el siguiente comentario en la entrada del cocido: “¿Nos habrán traído los Reyes Magos la prometida receta centenaria de cocido? Muchas gracias por sus recetas y su humor, Monsieur Cocotte”. El caso es que no sé cuándo lo dije, pero recordé haber contado que tengo en casa un libro bastante viejo, que ya me llegó sin cubierta y casi en ruinas.

Se trata de un ejemplar de “MARICHU. La mejor cocinera española o todos los platos del día”, del cocinero y divulgador Ignacio Domènech. Por lo que he averiguado, el libro lo editaron en Barcelona en 1919. Es un libro para amas de casa “bien”. Habla de cómo debe servirse una comida de etiqueta, de cómo se hace y se sirve el té, contiene recetas de auténtico lujo como la langosta a a Norwegienne, o “pilaw” a la turca... Desde luego no va dirigido al ama de casa de alpargata, que apenas sabía leer y compaginaba las tareas de la casa con el trabajo en el campo.

Al transcribir la receta me ha gustado ver que básicamente es el mismo cocido que se puede hacer hoy en nuestras casas, a pesar del tiempo pasado. 1919. En 1919 Aquí reinaba Alfonso XIII y el presidente era (hubo elecciones ese año) don Antonio Maura. Estábamos en plena Guerra del Rif, aunque faltaban dos años aún para el desastre de Annual... Casi no ha llovido desde entonces.

Si os es más cómodo, os la podéis descargar en PDF aquí.

[NOTA: las ilustraciones son las originales del libro, no sé si de Luis Lleó Arnau, que ilustró la portada.]




CÓMO SE HACE UN COCIDO SENCILLO A LA CASTELLANA

El día anterior, por la noche, se ponen en remojo garbanzos de Fuentesaúco o de otra localidad con agua templada algo abundante y unos granos de sal gorda.

Al día siguiente se pone el puchero con litro y medio de agua al fuego. Cuando vaya a romper el hervor, se echan los garbanzos escurridos del aguan en que han estado en remojo, y previamente lavados; a continuación se agrega un hueso de vaca o de jamón, 200 gramos de magro de vaca, un despojo de gallina si se quiere, o un cuarto de gallina, un puerro, una zanahoria, un tronquito pequeñísimo de apio, y al romper el hervor se espuma muy bien; pasada hora y media de cocción se unen tres o más patatas, se le echa sal y se deja cocer suavemente durante hora y media agregándole algo más de agua.

Al mismo tiempo, y en otro puchero, se pone a cocer una cantidad proporcional de repollo o berza, judías verdes, cardillos, judías rojas o blancas. Con la verdura se cuecen 100 gramos de tocino o jamón, un chorizo, longaniza o cualquier otro embutido, o éstos pueden echarse al puchero con la carne. La verdura debe ponerse una hora más tarde que el cocido, excepto si son judías rojas o blancas. Sazónense con sal, y cocerlo con agua suficiente, pero no demasiado abundante.

Esta verdura, momentos antes de servirla, puede saltearse friendo en aceite un ajo, y rehogándola después. Al ser judías blancas secas, se guisan en la forma usual.


MODO DE HACER LA SOPA Y SERVIR EL COCIDO

Media hora antes de servir el almuerzo se pasa el caldo por un colador fino a otra cacerola bien limpia. Al romper a cocer, se echa la sopa de pasta que se quiera. Si son fideos finos, se desmenuzan un poco y se cuecen durante diez minutos. Para cuatro personas, calcularemos este cocido con 100 gramos de fideos o de otra pasta de sopa como suficiente. Téngase en cuenta que la pasta de sopa debe estar bien cocida y que con la cocción aumenta al doble de su volumen. Debe servirse ni muy clara ni muy espesa.

Una vez servida la sopa, se pone le cocido en dos fuentes o platos: en uno los garbanzos, bien enteros y esponjosos, formando pirámide, y sobre éstos se coloca la carne cortada, el hueso de jamón o jamón, los despojos o el cuarto de gallina, y por los costados se colocan las patatas, zanahorias, puerros y nabos. En la otra fuente se coloca la verdura, y sobre ésta el chorizo cortado en pedazos, el tocino, etc. Se sirven las dos fuentes al mismo tiempo.

El cocido es uno de los guisos más exquisitos y populares de España, y siempre resulta un buen plato, aunque a veces tenga muchas alteraciones en los ingredientes en él empleados.




martes, 22 de enero de 2013

Y LLEGÓ EL 2013, COMO QUIEN NO QUIERE LA COSA


Ésta debía ser una entrada post-navideña. Más pegada a la Navidad, quiero decir, pero hasta ahora mismo no me ha dado tiempo a sentarme a escribir con un mínimo de tranquilidad. Supongo que tiene que ver con que esas fechas tan entrañables comenzaron en la maison Cocotte a mediados de diciembre, con la primera prueba de roscón, y terminaron para el ocho de enero con el ritual de guardar el Belén, plegar el árbol y reciclar el papel de los regalos de Sus Majestades.

Venga, reconozco que me quejo de vicio. Ha sido una temporada con mucho trabajo. Desde hace algún tiempo elaboramos galletas, bizcochos, magdalenas y ese tipo de cosas dulces y fácilmente transportables para fuera. Y nuestras galletas de Navidad (amasadas con la ayuda de los duendes de Papá Noel, por supuesto) y los muffins de dos chocolates han sido un éxito. Agotador (para los duendes, por supuesto; nosotros somos más de tomar té junto a la chimenea y esas cosas invernales), pero muy satisfactorio.

Ah, y como novedad este año hemos hecho unas galletas terribles, con el nombre del dueño y todo. ¡Estaban buenísimas!

También, y antes que se desencadenase toda esa locura que comienza con los niños de San Ildefonso cantando el gordo, participé en un concurso de repostería en la Escuela de Idiomas. Quedé segundo de manera totalmente injusta cuando aquello pasó de ser un certamen de postres a serlo de Miss Popularidad, pero bueno. El caso es que me llevé el mejor regalo. Éste (es un rallador de queso de Moulinex, despistaos):


Me hizo mucha gracia porque mi abuelita tenía uno exactamente igual en su pequeña casa de la calle del Trébol. Ahora que releo el párrafo de arriba, veo que casi no se me nota el rencor y la rabia, ¿verdad? Bueno, vale, prometo entrada con fotos y esas cosas.


LA VISITA DE SUS MAJESTADES A LA MAISON COCOTTE

Después pasar la cresta de la ola del galleteo, llegaron los Reyes. Y éste año lo hicieron bien cargados.

En cuanto a lo material, y centrándonos en lo relacionado con la cocina, Sus Majestades dejaron en casa la noche del 5 de enero un ejemplar de Hecho a mano, de Dan lepard y otro de Salvada por los pasteles, de Marian Keyes. Ah, y un magnífico juego de sellos para estampar en las galletas, que aún estoy por estrenar (también habrá entrada, sí).


Mis otras dos adquisiciones de la temporada -La cocina pop de El Comidista, de Mikel López Iturriaga y A comer ya beber, de Guillaume Long- ya las había comprado en día de la presentación del primero en Madrid. Vamos, que en cuanto a libros voy servido.

Sin embargo, es curioso cómo S.S.M.M. se han esmerado este año en sorprenderme con regalos intangibles.

El primero fue recibir un mensaje para pedirme permiso para usa una foto del roscón de Mme. Cocotte para ilustrar una entrada de El Comidista en la que se hablaba de lo malos que son los industriales –me fascina la facilidad con la que nos acostumbramos a la comida de fábrica- y también de que cada vez más gente se lanza a hacerlos en casa. Por supuesto, también se hablaba de comprarlos en los obradores que los elaboran artesanalmente. Eso de tener un pastelero de confianza (como panaderos, carniceros, fruteros, pescaderos...), qué importante es. Y más hoy, con toda esa comida procesada que está tan a mano.

En fin, que me disperso. Evidentemente, me hizo mucha ilusión. Somos muy fans del roscón en la maison Cocotte. De hecho, creo recordar –entre una bruma de harina y aroma de azahar- que este año hemos hecho seis. No todos para zampárnoslos nosotros, por supuesto.

Además, este año lo han hecho por ahí algunos lectores y eso también nos ha gustado, claro. Y cuando digo “por ahí” abarca desde la casa de la cajera del súper, que nos pidió la receta, hasta países lejanos e ignotos (para mí) como Chile o Finlandia. Primer “gracias”.

El segundo regalo intangible vino en forma de número. De número de visitas al blog. Desde que instalé el contador, ese que no muestro, habéis entrado más de 150000 veces a leer las cosas de Monsieur Cocotte. Se me hacen muchas. Como muchos se me hacen los casi 2000 seguidores en Twitter, los casi mil (bueno, faltan algunos) de Facebook y los más de 200 de blogguer. A todos vosotros, a los que comentáis, a los que sois lectores silenciosos, incluso a los que pasáis de largo: muchísimas gracias. Es el segundo.

Y como sois muy buenos (y pacientes) os contaré que las entradas más vistas de la Historia Mundial de M. Cocotte son, por este orden: el hojaldre de verduras, el (muy mítico) pollo al chilindrón y el bacalao a Brás. Y yo haciendo pan y postres. En este mes de diciembre han sido el real roscón de reyes (normal, entre la época y lo de El Comidista...), la sopa gratinada de cebolla (normal, con este frío...) y el recetario navideño. Muchas gracias también por esto último, ya que supuso un currazo importante. Habrá más.

En cuanto a la procedencia de las visitas, la mayoría sois españoles pero me llama la atención la cantidad de gente de Argentina (tengo una entrada pendiente especialmente dedicada a vosotros), E.E.U.U., Alemania, Rumanía, México, Francia, Chile, Colombia, Finlandia... Es un placer, amables lectores. Si queréis manifestaros, tengo un email a vuestra disposición. Y siempre están los comentarios, claro.


¿Y AHORA QUÉ? (PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO)

Pues como todo hijo de vecino, uno tiene sus propósitos de año nuevo. Lo malo es que luego intento llevarlos a cabo y me termino agobiando porque no salen ni la mitad. Pero bueno, supongo que así es la vida: muchos proyectos en la cabeza y poco tiempo (y pocas ganas, a veces) para atacarlos.

Entre las cosas que me gustaría hacer este año, y sólo os cuento las relacionadas con la comida, están todas éstas:
  • hacer más (y mejores) fotos,
  • cocinar más y mejor (y contarlo en el blog, claro),
  • hacer más pan (estoy llevando un diario de panadero y todo),
  • escribir más entradas sobre esas cosas locas que rodean al mundo de la comida,
  • montar un taller de pizzas (aunque sea virtual),
  • hornear de una santa vez una Sachertorte decente,
  • compartir algún otro recetario de la maison Cocotte... Y alguna otra cosa que no pienso hacer pública por si se gafa ;)

¿Y vosotros? ¿Qué retos os habéis marcado para esta temporada?

[NOTA: la ilustración de la Torre Eiffel es de Amy Borrell y podéis comprarla en Hello Poly.]

viernes, 11 de enero de 2013

SOBAOS (Y RESULTADO DEL SORTEO)


Los buenos propósitos postnavideños duran nada y menos. Especialmente ese de: “a partir de hoy, a verdurita”. No somos nosotros, es la culpa quien habla por nuestras bocas aún anhelantes de polvorones, cordero y esa grasaza con la que inundan los roscones de fábrica. Esos que son capaces de permanecer en las estanterías del súper durante meses sin perder la compostura, si.

Por eso he decidido compartir con vosotros una receta sencilla, sabrosa y rebosante de mantequilla. Además, me hace gracia porque los hice justo antes de que los de Président me propusiesen lo del sorteo. Con su mantequilla. La que compré. La que no me enviaron. Estos chicos se dejan lo mejor en casa.

Pero antes vayamos al lío. También quería dar el resultado del sorteo. Lo celebré el día 2 porque estuve esperando que TVE retransmitiese el 1 de enero los saltos de trampolín desde Garmisch-Partenkirchen. Y parece que ya no los dan. Eso sí, me tragué entero el concierto de año nuevo en pijama, que no deja de ser una tradición curiosa (y compartida por montones de españoles, supongo). Qué bonita es Austria, qué verdes sus valles, qué altas sus montañas, qué graciosos sus músicos, con sus bromas de músicos y sus gorritos de cocinero #sarcasm

La mecánica del sorteo parecía sencilla: hacer una lista con la gente que había comentado en el blog o en facebook, llevarla a Random.org –que es el recurso estándar para lo relacionado con los números pseudoaleatorios–, darle al botón de “ordenar como te pete” y ya está. He dicho que parecía: cuando ya había publicado los resultados me di cuenta de que me había olvidado a una participante. A Piti, en concreto. El típico desastre Cocotte. En fin

Como ya no se podía arreglar (y previa disculpa y promesa de soborno con galletas homemade o algo así) decidí dejarlo como todo como estaba. ¿Y para qué os cuento toda esta historia?, diréis vosotros. Pues para no dar el nombre de la ganadora a secas, que no me parecían formas. Por cierto, resultó ser:

Noelia Melgar


¡Enhorabuena a los premiados! (Ya puedo tachar también esa frase de mi cuaderno de cosas por hacer y por decir).


Y ahora, la receta para que podáis desayunar contundentemente ahora que vamos hacia lo más crudo del crudo invierno.

NOTA: se me olvidaba deciros que la saqué de un libro de Iñaki Oyarbide. No recuerdo su nombre, pero lo editó el Círculo de Lectores hace unos años en una colección.

La tenéis en PDF aquí.



SOBAOS

Dificultad: modo batir y hornear.

Ingredientes (para varios desayunos suculentos.):
  • 4 huevos.
  • 250 g de azúcar.
  • 250 g de mantequilla.
  • 250 g de harina de trigo.
  • 8 g de impulsor químico (opcional).

Preparación:


1 Batimos la mantequilla, que habremos sacado del frigorífico un buen rato antes, hasta conseguir que se vuelva cremosa.

2 Sin dejar de batir, añadimos el azúcar poco a poco y, después de incorporarla por completo, los huevos uno a uno hasta que obtengamos una mezcla lisa.

3 Precalentamos el horno a 170ºC. Arriba y abajo.

4 Tamizamos la harina y la vamos incorporando a la “mezcla húmeda” poco a poco, removiendo con una espátula hasta formar una masa fina y sin grumos. La idea es incorporar todo el aire que podamos. Confieso que, en mi caso, junto con la harina tamicé medio sobre de Royal porque tengo miedo de que los bizcochos me queden como un ladrillo.

5 Una vez conseguida una mezcla homogénea, la vertemos en moldes de aluminio hasta la mitad de su capacidad. Lo típico es hacerlo en unos de papel parafinado, pero me pareció mucho más cómoda esta opción.

6 Colocamos los sobaos distribuidos sobre una bandeja de hornear y los hacemos durante 20 minutos. No estoy completamente seguro de si los tuve todo este tiempo, así que vigiladlos y cuando estén estarán. Me encantan estas explicaciones de abuela.

7 Sacamos inmediatamente los sobaos del horno y los dejamos enfriar en sus moldes a temperatura ambiente.

Se conservan bien en una caja hermética. Eso si os da tiempo a guardarlos, claro.

jueves, 20 de diciembre de 2012

RECETARIO NAVIDEÑO


Amables lectores:

ya sabéis que la Navidad es una época especial en la maison Cocotte, por eso he decidido recopilar las recetas típicas de estas fechas tan señaladas y ofrecéroslas en forma de recetario descargable. También he incluido algunas que no han sido publicadas aún en el blog. No temáis, todas han sido probadas. Incluso en algunas he utilizado como cobaya a frère Cocotte, que es un comensal muy agradecido.

Al hacerlo he pensado en sea cómodo de leer en tabletas. Por favor, dejadme vuestros comentarios al respecto.

Espero que lo paséis lo mejor posible, si nos dejan los mayas.

Un cordial abrazo,

M. Cocotte


[El recetario en PDF, aquí. ]

miércoles, 19 de diciembre de 2012

SOPA GRATINADA DE CEBOLLA (Y UN SORTEO)



[Nota: los productos de los que voy a hablar me han sido remitidos por la gente de Président. No obtengo beneficio económico alguno, más allá del de zampármelos a mi criterio. La información que publico ha sido comprobada por mí mismo, concretamente ayer a la hora de comer].

La muchachada de Président (la tilde va ahí porque si no los franceses se comerían esa “e” y sonaría algo así: “prsidnt”, que me lo ha dicho mi profesora de la EOI) me hizo llegar el jueves pasado un lote de productos para que los probase, hiciese una receta y esas cosas de la vida blogueril. Yo no suelo participar en estas cosas por pereza y porque no me gusta la idea de que el blog se llene de publicidad, o de estar todo el tiempo yendo a eventos, aunque algunos me parezca interesantes. Sin embargo esta vez el asunto me pareció gracioso porque la marca regala un lote igual para sortearlo entre vosotros, los lectores, que al fin y al cabo sois parte fundamental de M. Cocotte.

Para dejarlo claro, los productos que me enviaron fueron:

1 Snacking (180 g), que es como un rulo de queso brie.
1 paquete de medallones de queso de cabra (200 g).
Queso rallado emmental (150 g).
3 envases de Queso Cocina (250 ml), cada uno de un sabor: emmental, azul y semicurado.
1 botella de nata para cocinar (500 ml).
Una bolsa térmica.
Un delantal (granate y muy chulo).

Creo que los tamaños de los productos son los habituales del mercado. Supongo que tanto la bolsa como el delantal también van incluidos en el lote sorteado.

Ah, que se me olvidaba. La marca ha puesto a disposición de todos una web con cupones de descuento (www.cuponespresident.es). Por lo que he visto, los hay de cremas de queso (lo que me ha recordado que tengo que hacer esta receta de Falsarius), snacking, medallones de queso de cabra, y queso cocina. Hubiese preferido que también los hubiese para la mantequilla, el brie o la leche, que de eso gasto más, pero se supone que quieren promocionar estos productos de cara a la Navidad Eso lo he deducido yo solito tras mirar detenidamente las bolas y el bastón de caramelo de la web. Lo del señor del foulard haciéndonos una pedorreta es lo que no acabo de pillar.

EL SORTEO
La mecánica del juego es sencilla a más no poder. Vosotros hacéis un comentario aquí –o en el enlace a la receta que publicaré en el facebook de M. Cocotte– antes de las 24:00 horas del 31 de diciembre. El día 1 de enero celebraremos el sorteo con toda la pompa y boato del que seamos capaces, utilizando los recursos de Random.org y lo publicaremos el día 2. Inmediatamente, le pasaremos los datos del ganador/ganadora al equipo de Président España para que os hagan llegar vuestro premio. Fácil, ¿no?

LA RECETA
Es curioso cómo funcionan las casualidades. La semana pasada me animé a hacer sopa de cebolla por primera vez. Llevaba tiempo con la idea, pero no encontraba el hueco. Era como: “si, ¿pero gustará?. Al fin y al cabo es de cebolla. Buff”. En esto, que los chicos de No más tuppers de mamá publicaron este vídeo tan chulo y me acabaron de convencer. Parecía que el Universo conspiraba para que esa noche cenásemos sopa... Pues no. Y mira que hasta había comprado el queso para gratinarla y todo, pero no pudo ser porque me surgió un encargo de galletas y acabé de hornear a las tantas. Si, también en la maison Cocotte compartimos nuestro saber culinario con el mundo a cambio de un pequeño estipendio. Al final esa noche cenamos una tortilla francesa rellena de emmental. Caliente, rica, aromática... Parecía que la sopa se alejaba humeante en el horizonte, como si fuese Lucky Luke.

Y justo cuando ya casi no quedaba queso (y todo el mundo sabe que el ingrediente principal de la buena sopa de cebolla es el queso), un amable repartidor nos trajo un lote de productos. Y venía un paquete de queso exactamente igual que el que yacía maltrecho en nuestra nevera. Bueno, igual igual, no era. Éste estaba lleno a rebosar. Así que la cosa estaba clara: ¡había que hacer sopa!

La receta que he seguido es del 1080. Le he añadido alguna pequeña cosa y he cambiado tiempos, pero poco más. Espero que os guste porque a mí me ha encantado.

Como siempre, aquí tenéis la receta en PDF.



SOPA GRATINADA DE CEBOLLA

Dificultad: la de meter y sacar cosas del horno sin quemarse.

Ingredientes (para cuatro cuencos humeantes):
  • 3 cucharadas soperas de aceite de oliva.
  • 300 g de cebollas.
  • 2 cucharadas soperas rasas de harina.
  • 1 litro de agua fría.
  • Media pastilla de avecrem.
  • 1 cucharada sopera de vino blanco.
  • 8 rebanadas finas de pan (como de 1 cm de grosor).
  • Queso rallado a discreción. En este caso emmental de nuestros patrocinadores ;).
Preparación:

1 Pelamos y cortamos la cebolla en rodajas muy finas (yo tuve suficiente con una grande). Ponemos en un cazo el aceite y cuando esté caliente volcamos la cebolla. Dejamos que se doren ligeramente con cuidado para que no se nos quemen. En ese punto, añadimos la harina espolvoreando sobre la cebolla. Le damos unas vueltas para que se tueste un pelín y añadimos el agua, la media pastilla de caldo (que habremos reducido a polvo anteriormente para que se disuelva bien), el vino y un poquito de sal.

2 Dejamos cocer a fuego lento unos 10 minutos. A los 5, la probamos por si hay que rectificar de sal.

3 Mientras tanto, tostamos las rebanadas de pan.

4 Tras la cocción, distribuímos la sopa en cuatro cuencos (o lo que tengamos en casa), colocamos las rebanadas de pan tostado por encima, y espolvoreamos generosamente con queso rallado. Lo metemos en el horno (200ºC, calor arriba) hasta que la sopa esté bien gratinada. Lo servimos en los mismos cacharros.

Ya sólo queda meterle la cuchara.


martes, 4 de diciembre de 2012

CALAMARES A LA ROMANA

Os estoy imaginando. ¿Calamares a la romana? Que si son viejunos, que si están demodés, que si pa’-qué-me-voy-a-molestar-en-hacerlos-si-los venden-congelados (¿sois conscientes de que hay reservado un círculo en el infierno para los que abusan de los congelados?), que si mejor me bajo al bar de la esquina,...

Vayamos por partes. Muy modernos no son, de acuerdo. Más o menos como el 97% de la cocina mundial. Incluso acepto que me digáis que saben un poco a vermú, a salida de misa mayor, a bar en domingo, a boina calada, mesas de mármol y suelo tapizado de cabezas de gamba. En eso ganáis.

¿Están pasados de moda? Obviamente. Y en este mundo “gastrochic”, regido por las hamburguesas “gourmet”, las cocinas supuestamente exóticas, la fusión a toda costa y los cupcakes “perfectos” se agradece estarlo. Están tan fuera de onda que lo mismo son la próxima moda por venir. Dios nos coja confesados. Dos cero.

Lo de los congelados... Estoy por ni siquiera entrar al trapo, pero no puedo evitarlo. El único contacto permitido entre los calamares y nuestro amigo el congelador debe estar motivado por un hecho: una de las maneras de evitar la “chiclización” de los calamares es congelarlos antes de cocinarlos. La otra, más simple, es no sobrecocinarlos. Por si fuera poco, el rebozo de fábrica es la merde. Posiblemente sólo sea superado por los aros de cebolla de fábrica, que en conjunto son l’horreur.

Y para terminar, lo del bar. No cuela. Salvo excepciones, los calamares de bar llevan horas hechos y los han frito en vete tú a saber qué. No se salvan ni los de algunos sitios míticos de Madriz que se llenan a diario de turistas ávidos de saborear esa excepción cultural llamada “bocata de calamares”. No deja de ser curioso que el bocadillo típico de la capital se haga con algo sacado del mar. Supongo que lo compensa que el de Lisboa –tan marina ella y tan a rebosar de pescados salados– sea el de filete empanado con lechuga.

Evidentemente estas dos últimas razones son las que más pesan y en este blog manda un Cocotte, así que gano yo.

En fin. Como en la maison Cocotte estamos por la cocina casera y por la recuperación (y a veces descubrimiento, para qué engañarnos) de sabores arrinconados en olvidaos cajones de nuestra memoria, decidimos preparar esta receta. Por eso y porque me apetecían muchísimo. Así que me puse a buscar recetas y encontré ésta en el libro de El Cocinero Fiel. La original va con sifón pero no suelo tener de eso en casa. Cerveza sí, así que sigo la recomendación de uno de los comentarios. Y como sólo hace falta un poquito, te puedes beber el resto mientras los fríes como una enfervorizada cocinera.

Un par de detalles:

1.- Los calamares saltan. Muchísimo. Se pone todo perdido de aceite. Prevenidlo como podáis: papel alumínico, de periódico, freidora (bueno, eso no lo he probado),... y

2.- Con este rebozo los calamares quedan crujientes y sabrosos, pero no conviene pasarse con el tiempo de fritura porque son muy de transformarse en caucho.

¿Con qué tomarlo? ¡Pues con lo de siempre! Vino blanco fresco o cerveza rubia ligera, que estos bichos son humildes y proletarios.

Para saber más:

TXABER ALLUÉ.
El Cocinero Fiel. De los platos tradicionales a la tortilla2.0 Ediciones Planeta Madrid. Madrid, 2010.

Muchas recetas para el día a día y una tarta de queso que tengo en la lista de “platos pendientes”. Para lanzarse a disfrutar cocinando.

Y como siempre, el PDF con la receta, aquí.

CALAMARES A LA ROMANA

Dificultad: para intrépidos sin miedo al aceite hirviente.

Ingredientes (Para dos personas, si es para comer. Para unos cuantos, si es para acompañar a unas cervezas):

  • 250 g de anillas de calamar.
  • 50 g de harina.
  • 75 ml de cerveza.
  • Aceite de oliva.
  • Pimienta (yo estoy usando mezcla de 5, que me encanta).
Preparación:

1 Salpimentamos las anillas y las reservamos.

2 En un bol grande, ponemos la harina, sal y pimienta. Añadimos la cerveza y lo mezclamos con unas varillas –oh, útil milagroso– hasta conseguir una “mezcla de espesor medio”.

3 Añadimos las anillas de calamar a la mezcla y las dejamos reposar unos minutos.

4 Preparamos una sartén con abundante aceite de oliva y cuando esté muy caliente vamos echando a freír los calamares. Lo haremos de uno en uno y no pondremos muchos a la vez para evitar que se nos peguen, salvo que queramos obtener la bandera olímpica. Ojo: salta bastante, así que cuidado con quemarse.

5 Cuando estén bien dorados –no quemados, dorados– los retiramos y los dejamos escurrir en papel de cocina o sobre una rejilla.

Los servimos antes de que se enfríen.